UN SALTO AL VACÍO NO. 2

El reloj marca las 12:00 de la mañana, es 1ro de febrero del 2016. El tiempo pasa muy rápido. Todavía recuerdo el momento en el que llegué al lugar que pronto se convirtió en mi nuevo hogar, Nueva Zelanda, mi primer real experiencia viviendo en el extranjero. Han pasado siete meses. Recuerdo cuando pedía la hora y después de la respuesta sólo les sonreía y les agradecía, sin entender más que un par de números. Cuando empecé a manejar, constantemente tenía que estacionarme para pensar si estaba manejando en el carril correcto. Ahora las cosas han cambiado. He cambiado.

Se experimenta una variedad de emociones. Existe un miedo palpable cuando te mudas al otro lado del mundo. Te das cuenta que en esta ocasión no puedes darte el lujo de arrepentirte y volver a casa después de un par de semanas, parece imposible que tus familiares o amigos te puedan visitar, ahora estás más lejos de tu comida favorita, más lejos que nunca antes.

Comenzó una nueva aventura, una nueva vida en un mundo donde no tenía amigos, ni familiares. Estaba sola. Constantemente intentaba hacer actividades distintas para conocer personas, pero no funcionaba. Era invierno y los bares no tenían mucho éxito, pero ir por una cerveza se sentía bien, tener un momento tranquilo fuera de casa, aunque era una mezcla de sentimientos al observar pequeños grupos de amigos conversando y pasando un buen momento. Ir al cine sin compañía no era la mejor opción. Sin embargo, no estaba triste. Me desesperaba constantemente y podía sentir la ansiedad de querer salir a pasear con alguien o de querer hablar. Pasaba fin de semanas sin hablar. Parece mentira y el cliché más tonto cuando te dicen “te conoces a ti mismo cuando pasas tiempo solo”. Es verdad. Viajar y salir SOLO es la mejor manera de saber que es lo que te gusta y que no te gusta, conocer tus preferencias y saber que lo que buscas para tu vida. Estás solo tú, contigo mismo. Parece un tema repetitivo, pero es el tema principal de vivir SOLO en el extranjero.

Nunca desperdicies esos momentos de tranquilidad ni tu compañía. Aprovéchalos al máximo, ríete contigo mismo y cuéntate tus más oscuros secretos, háblate de tus sueños, de tus metas y de tus miedos. Escríbelos en una hoja en blanco, los vas a ocupar para después. Ahora que he experimentado este placer insaciable, me pregunto a mí misma ¿por qué huía de mi durante tantos años? ¿Me tenía miedo? Tal vez. Con todos esos sueños y planes un poco locos que pasan por mi mente ¿cómo no me voy a tener miedo? Claro, es normal tenerle miedo a esa voz que te dice “¡compra el boleto para el bungee! ¡Hazlo este fin de semana!”, “¡renta un kayak y vete por dos días!”, “¡haz un roadtrip tú sola!”, “¡organiza un picnic en la playa! Sólo para ti”, “¡cómprate Flores!”, “¿por qué no hablas con ese extraño? ¡Invítale un café!”… Ahora lo entiendo, el miedo a hacer cosas nuevas y… Lo más horrible… El miedo a que te guste.

Vivir en el otro lado del mundo es construir una nueva vida. Una vida sin pasado, es ser TU en su totalidad. Cuando viajas a nadie le importa quién eres, que estudiaste o cuantos años tienes. Háblales de dónde vienes y cuál es tu comida favorita.
De un momento a otro estarás rodeado de personas que poco a poco se irán convirtiendo en tu familia. Serán quienes harán de este viaje algo muy especial y valioso. Así fue como me sucedió. Después de un par de meses encontré personas que se volvieron parte de mi, cada uno a dejado una huella permanente. Algunos ya se han ido y otros pronto se irán, pero de esto se trata, cada uno tiene su camino, sin embargo todos estamos aquí por la misma razón, dándole unas inolvidables vacaciones a nuestra “alma” y haciendo lo que siempre quisimos hacer, huir.

Puede parecer una acción cobarde, huir de las responsabilidades, del trabajo que no te gusta, de la rutina, las deudas, de una vida consumista, hasta de una relación amorosa… Pero se necesita más valentía de lo que crees. Tal vez es la acción menos cobarde, es simplemente salir a buscar lo que más te mueve en medio de la nada, brincar al vacío. Tomar la decisión de cambiar todo lo que estaba a tu alrededor, para conocer, para aprender, para vivir. Al viajar, constantemente te encontrarás a un grupo de viajeros reunidos en un bar, en un hostal o tal vez en las montañas, conversando de sus países de origen, lo que no les gusta y lo que extrañan. Una conversación que surge con un poco de nostalgia pero esta envuelta de felicidad y dudas, dejando de buscar una explicación a todo lo que sucede alrededor. Todos reunidos por una sola razón “estaba cansado y quería conocer el mundo”. Todos con la misma duda ¿qué viene después? Y con la emoción de averiguarlo.




  
  
  
  
  
  

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