HITCHHIKING NUEVA ZELANDA

TOMANDO RIESGOS PARA VIVIR NUEVAS EXPERIENCIAS Y TENER HISTORIAS QUE CONTAR.


“¿Hitchhike? ¡NO! Te pago tu viaje pero no lo hagas, ¡De ninguna manera!”

Estaba parada en la orilla de la carretera, cargando una mochila en la espalda con algunas blusas y un par de leggings, un kit de supervivencia, un sleeping bag, una casa de acampar y algo de ropa interior, en mis manos temblorosas sostenía un pequeño pizarrón para escribir el nombre de mi destino. Ni siquiera estaba segura a donde quería dirigirme. Lo único que pasaba por mi cabeza era ese comentario, “No lo hagas, ¡De ninguna manera!”. Tal vez estaba cometiendo una locura. Pero como iba a saberlo si no me arriesgaba a averiguarlo.

Eran casi las 10 de la mañana y yo seguía parada en el mismo lugar. Experimente el miedo, la ansiedad, los nervios y la duda por no saber en que lugar terminaría ese día. Recuerdo que pase varios días intentando planear ese viaje, pedí algunos consejos, revise algunas páginas web, pero nunca pude crear un verdadero plan, sólo tenía una lluvia de ideas y un montón de cruces en un mapa tamaño carta de la isla sur de Nueva Zelanda.

-Tal vez enloquecí o creo que estoy enloqueciendo, ¿Por qué me estoy riendo?- Me repetía un par de veces a mí misma en voz alta.

Era obvio, estaba muerta de miedo. Me temblaban las piernas, ni siquiera pude desayunar, apenas y podía sostener el pizarrón entre mis manos. Pero había soñado con vivir esa experiencia desde meses anteriores. Cada vez que me encontraba con alguien cargando una mochila enorme en su espalda, caminando con un par de zapatos desgastados y vestidos sin reglas de moda, mochileros observando la ciudad con un gesto cansado pero lleno de felicidad, me decía a mi misma: “tienes que hacerlo, esta es tu oportunidad”.
Y ese era el día, el día que tanto esperé.

Encontré mi plumón dentro de la mochila, me arme de valor y comencé a escribir el nombre de mi primer destino, WESTPORT. Aventé mi mochila al piso, respire profundo, estiré mi brazo, con una sonrisa temblorosa y mi pulgar arriba comencé a pedir “raite”. Pasaron varios autos, algunas personas me saludaban y otras me miraban como bicho raro.

Tuve demasiada suerte, después de casi 15 minutos un auto que estaba estacionado a unos 10 metros de distancia comenzó a hacer cambio de luces y me empezaron a llamar.

-¡Que nervios!, ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Será para mí? ¿Tendré que cargar mi mochila de una vez, caminar hacia ellos y subirme al carro de dos completos extraños? De eso se trata ¿Qué no? ¡Ay! Cállate y camina.

El saludo y un par de palabras no fue lo que me convenció para subirme a un auto de dos completos extraños. Definitivamente ni siquiera estaba convencida, ni estaba consciente de lo que estaba haciendo. Me estaba dejando llevar… Y que pasara lo que tuviera que pasar – ¿Estas segura?

Por suerte todo salió bien, recorrí más de lo que pensé que podía hacer ese día, llegué a Fox Glacier. Aproximadamente 10 horas de viaje, 9 raites y dos paradas para conocer. Experimente muchas emociones, canté en voz alta mientras esperaba mi próximo raite, bailé en la carretera, brinqué, caminé y caminé cargando esa mochila que parecía pesar más que yo, conocí mas de 10 personas diferentes y me sentía completamente feliz.

Definitivamente mi viaje había comenzado. Nadie más estaba conmigo, tomé la decisión de hacerlo sola y de esa manera, era lo que quería vivir como regalo de mi cumpleaños #25. Tuve que poner una casa de acampar sin ayuda, estaba nublado y no era a prueba de agua, tenía que cocinar, estaba cansada pero muy contenta y orgullosa por lo que había logrado. Comenzó a llover. Empecé a llorar. ¿A quién se le ocurrió viajar sola con una casa de acampar que no es a prueba de agua? ¡A mí!

Nunca me arrepentí, sabía que era normal sentirme de esa manera al final de mi primer día. Demasiada aventura, emociones y mucha responsabilidad. Así fue como viví los siguientes 10 días. Despertándome temprano, cuando tenía oportunidad tomaba un baño después del desayuno, guardaba todo en mi mochila, me la ponía en los hombros y comenzaba a caminar. Decenas de raites y dormir en diferentes ciudades cada noche.

Recorrí la isla sur por ambas costas, llegué al punto mas bajo de la isla, caminé, reí y lloré, me perdí, caminé bajo la lluvia, fueron 42 raites en total, me arrepentí de un par de decisiones, cambie de opinión un par de ocasiones, conocí más de 60 personas de diferentes países, me caí, no me maquillé, usé la misma ropa varias veces, me senté afuera de la lavandería, pedí dinero, abracé a un par de extraños, comí en la banqueta, me presenté con desconocidos, ayudé a un par de personas, comí en un buffet sin pagar.

Cada día, cuando caminaba por un largo tiempo y mi espalda me pedía descanso, pensaba en todo lo que había vivido anterior a mis viajes, lo que viví durante varios meses en Nueva Zelanda y lo que ahora estaba viviendo vagando por las calles de diferentes ciudades donde no conocía a nadie. Hacía una recopilación de momentos y experiencias que me hicieron lo suficientemente valiente para lanzarme a esa aventura, y lo que en ese momento estaba viviendo me ocasionaba soñar lo que me gustaría hacer después.  Aprendí muchas cosas, valoré y me dí cuenta que armarte de valor para una nueva aventura es una de las mejores cosas que puedes hacer para tu vida.

Me sentía muy feliz de no haber escuchado a todas esas personas que me dijeron “no lo hagas”, porque de ser así no hubiera vivido esa experiencia. Fue una de las mejores decisiones que pude tomar. Aprendí por experiencia propia y también me dí cuenta que las personas que te ayudan no son más que seres humanos que buscan apoyarte a cambio de compañía. Cada uno espera que escuches un poco de ellos y les gusta escuchar de ti. Te contarán sus problemas y algunos de sus secretos, sin esperar algún consejo, solo para desahogarse. Lamentablemente este tipo de experiencia, que parece de otro mundo, no la puedes experimentar en todos los países. Nueva Zelanda es el país perfecto para vivirlo.

Después de casi dos semanas viviendo la aventura de mi vida, con mi cuerpo exhausto y un montón de moretes, millones de aprendizajes y un poco de ansiedad por permanecer en un lugar por al menos un día, decidí volver. Sobrepase mis expectativas, era mi primer experiencia y logré recorrer cada punto marcado en ese mapa desgastado.

  

  
  


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6 comentarios en “HITCHHIKING NUEVA ZELANDA

  1. Que inspiradora es tu historia. Tienes muchísima razón en varios aspectos, la vida es más que una zona de confort, una buena comida y un escritorio con trabajo fijo, me alegro que hayas tomado esa decisión, y como te digo es inspiración pura para tomar la mía, somos contemporáneos! :). Saludos desde Colombia

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